Donde el jardín se vuelve eterno
Todo comenzó en la quietud de aquellos días de pausa, cuando el huerto familiar nos regaló sus flores y decidimos que su belleza no debía marchitarse. Entre pétalos secos, resina y la complicidad de mi madre, descubrimos el arte de detener el tiempo para convertir la naturaleza en tesoros.
Ese primer destello de magia evolucionó de forma paralela con la charoita, transformando piedras en racimos que parecen cobrar vida. Lo que nació como un experimento entre manos queridas, es hoy un universo de siete líneas y más de noventa piezas creadas. Mi imaginación sigue volando, con mil ideas más latiendo en mi mente, esperando el momento de convertirse en una joya que cuente tu propia historia.